Y en el tren hacia St. Gallen traté de descubrir el por qué de mi congoja. Total, eran vacaciones y como todo lo bueno, se acaban. La gente a mi alrededor tiene la cara larga y no paran de ver sus relojes, sus periódicos y de beber su café a la créme. Yo, con una tonadita tropical en mi Ipod, pretendo extender su frescura latina y desenfadada aunque no haya salido del continente europeo. Respiré, sí! pude respirar un poco de smog, olores dulces de caramelos incomibles y el mar. Mar en el que me atreví a sambullirme, como si me hubiese salido una aleta inferior y me haya convertido en una sirena incaica y a la vez mestiza como mi cuerpo humano/pez.
Una voz interrumpe mi sueño de calor y paraíso. Una voz femenina y mecánica me repite en tres idiomas todo aquello que me recuerdan las dos horas que aún faltan de camino. Entonces suspiro de impotencia y miro a Uelito, quien acaba de despertar de su sueño propio. Me mira y me dice: regresemos a Barcelona!
Rocío.
Una voz interrumpe mi sueño de calor y paraíso. Una voz femenina y mecánica me repite en tres idiomas todo aquello que me recuerdan las dos horas que aún faltan de camino. Entonces suspiro de impotencia y miro a Uelito, quien acaba de despertar de su sueño propio. Me mira y me dice: regresemos a Barcelona!
Rocío.
